
César Villalona pone sobre la mesa una pregunta incómoda: mientras el régimen consolida su poder político, ¿se está construyendo también un nuevo poder económico?
En El Salvador, tener muchas empresas no convierte automáticamente a una persona en oligarca. Para el economista César Villalona, la oligarquía tiene características mucho más específicas: concentra numerosas empresas de gran tamaño, controla negocios dominantes en sectores estratégicos y mantiene presencia simultánea en diferentes áreas de la economía, desde la industria y el comercio hasta la banca, la tierra y los servicios.
Ese poder económico no se construye de la noche a la mañana. Históricamente, sostiene Villalona, algunos grupos empresariales lograron dar grandes saltos mediante decisiones tomadas desde el Estado: privatizaciones, reformas económicas, control de sectores estratégicos y acceso a nuevos mercados. Y ahí aparece el primer punto de tensión del análisis: ¿puede estar repitiéndose ese proceso bajo el actual régimen?
Del poder político a la acumulación económica
Villalona sostiene que existe un proceso de acumulación que debe ser investigado. Construcción, turismo, importaciones, transporte y entretenimiento aparecen como algunos de los sectores donde actualmente se mueve una importante cantidad de dinero.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto está creciendo determinado sector, sino quiénes están detrás de esos negocios, quiénes los financian y quiénes terminan capturando las ganancias.
El economista pone especial atención en las nuevas empresas creadas durante los últimos años y en aquellas que posteriormente comenzaron a realizar negocios con el Estado. Según su planteamiento, durante la pandemia se registraron numerosas sociedades y algunas comenzaron rápidamente a venderle al gobierno.
Pero existe un problema fundamental: la falta de transparencia dificulta conocer quiénes son realmente sus propietarios y cuáles son sus vínculos económicos y políticos.
Y cuando las compras públicas, los grandes contratos y la información empresarial quedan fuera del escrutinio público, surge una pregunta inevitable: ¿quién se está beneficiando del nuevo ciclo de inversión y gasto estatal?
¿Una nueva élite o una alianza con la vieja oligarquía?
Aquí aparece la parte más provocadora del análisis de Villalona. El economista considera que el grupo gobernante podría tener, entre otros objetivos, la intención de consolidar un nuevo poder económico capaz de colocarse algún día en las grandes ligas empresariales del país. Pero llegar a ese nivel no sería sencillo.
La historia salvadoreña demuestra que los grandes grupos económicos no necesariamente permiten que nuevos actores ingresen fácilmente a su espacio de poder. Por eso, podría existir una eventual disputa entre quienes ya controlan grandes sectores de la economía y quienes buscan aprovechar el nuevo escenario político para acumular capital.
Sin embargo, Villalona observa que, por ahora, la relación entre el régimen y los grandes grupos empresariales parece ser de entendimiento y beneficio mutuo. Los principales gremios empresariales han respaldado políticas gubernamentales y algunas propuestas buscan reducir costos para las empresas, incluso mediante modificaciones a las condiciones laborales. Por eso, la pregunta estratégica no es solamente si existe una nueva oligarquía en formación.
¿Estamos ante el nacimiento de una nueva élite económica, ante una alianza entre el régimen y la vieja oligarquía, o ante ambas cosas al mismo tiempo?
Porque al final, la disputa por el poder en El Salvador podría no limitarse a quién controla el gobierno.También podría tratarse de quién controlará la riqueza, los negocios y los sectores estratégicos del país durante la próxima década.
