
En 2019, Nayib Bukele llegó a la campaña presidencial con una promesa ambiciosa para la UES: aumentar gradualmente su presupuesto, elevar la inversión educativa y convertirla en la mejor universidad de Centroamérica. Años después, el contraste entre aquel discurso y la realidad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Qué pasó con las promesas? Mientras el Gobierno anuncia nuevas becas y presenta la educación como su gran apuesta, la universidad pública sigue esperando.
La promesa: convertir a la UES en la mejor de Centroamérica.
Durante la campaña de 2019, Bukele llegó a la UES a prometer que incrementaría gradualmente el presupuesto de la universidad hasta alcanzar niveles de inversión comparables con otros países de la región. La promesa no era menor: convertir a la principal universidad pública del país en un referente centroamericano. También se planteaba fortalecer su capacidad académica y responder a las necesidades de una población estudiantil que depende, en gran medida, de la educación pública para acceder a una carrera universitaria.
El Salvador: quinto en presupuesto para educación superior
Marvin Aguilar expuso el dato de que lugar que ocupa El Salvador en la región cuando se compara la inversión pública destinada a la educación superior. El país aparece en quinto lugar, por debajo de los países que realizan un mayor esfuerzo presupuestario para sus universidades públicas. Esto resulta especialmente revelador porque la promesa de 2019 no era simplemente hablar de educación: Bukele ofreció aumentar gradualmente el presupuesto de la UES hasta llevar la inversión a niveles comparables con los países de la región.
Estar en quinto lugar significa que, mientras otros países centroamericanos destinan una mayor proporción de sus recursos a fortalecer la educación superior, El Salvador continúa rezagado. Y eso tiene consecuencias concretas: menos recursos para infraestructura, investigación, tecnología, contratación y mejores condiciones para los estudiantes.
El dato adquiere todavía más fuerza frente a aquella promesa de convertir a la UES en la mejor universidad de Centroamérica. Para alcanzar ese objetivo no bastaban discursos ni anuncios de becas: se necesitaba una inversión pública sostenida y creciente. Ocho años después, el contraste entre aquella promesa y el lugar que ocupa El Salvador en inversión para educación superior deja una pregunta incómoda: ¿Dónde quedó la transformación que prometieron?
La deuda con los estudiantes y la educación superior.
La promesa no era solamente aumentar un presupuesto en una hoja de cálculo. Se trataba de garantizar que miles de jóvenes tuvieran una universidad pública con mejores condiciones, infraestructura, tecnología y oportunidades. Sin embargo, ocho años después, los estudiantes de la UES siguen enfrentando carencias y esperando una transformación que fue anunciada como una prioridad. El problema no es que el Gobierno anuncie nuevas becas; el problema es que esas nuevas promesas no pueden servir para esconder las que quedaron pendientes. La educación pública necesita resultados concretos, no solamente anuncios, señalo el antropólogo cultural Marvin Aguilar
Del discurso electoral al espectáculo de las nuevas promesas
La pregunta vuelve a ser inevitable: ¿Qué ocurrió con aquella gran apuesta por la UES? El Gobierno vuelve a colocar la educación en el centro de su discurso mediante anuncios vestidos de espéctalos mediáticos masivos de becas y nuevos proyectos. Pero antes de presentar una nueva promesa como histórica, también debería responder por las anteriores. Porque la política no puede convertirse en una sucesión de anuncios donde cada espectáculo borra el compromiso anterior. La UES sigue ahí, sus estudiantes también. Y la promesa de convertirla en la mejor universidad de Centroamérica sigue esperando hacerse realidad.
